BIENVENIDOS AL PLANETA MARTINIANO

¡PELIGRO! CAMINO SINUOSO

Las llaves caen, besan el suelo. El día esta nublado, al menos para mí, no hay nada que quite esta pena. Intento huir de los problemas, ellos me encuentran hasta debajo de la tierra. Ya no hay humo, botellas y papeles que me escabullan de ellos.

Camino alrededor de la casa, me detengo en el ventanal. Cuelgo la mirada en el vacío, pienso, ¿Podré saltar?  Agitador de la bandera del final siente temor de ser el momento. ¿Irónico?

El doctor afirma que es depresión, me receta pastillas y no de las que me agradan.  Insiste con que ocupe mi cabeza, yo solo quiero reiniciarla. Ella no deja de castigarme.

Si me dirijo a la izquierda, la vida quiere por derecha. Si respiro, me contamino. Si camino, tropiezo. Si confío, me apuñalan. El humor no es el mejor, yo no elegí este mundo.

Decido volver a casa. Los fármacos empiezan a mostrar sus primeros efectos en mí. Las nubes se abren y veo un brillo que golpea mi cara. Hace días no veía el sol, como tantos otros que no duermo. ¿No habrá medicamentos para eso, también?

Mis ojos ya no lloran, mi corazón comienza a emparcharse, aunque sea por un instante.

Pateo por el barrio, huelo ese olor a humo que lo caracteriza.

Sin embargo, el síntoma de soledad no se ha curado. Veo a esa muchedumbre conectados de manera directa con los aparatos. Lejos quedo esa época de besos, abrazos, caricias y charlas. Virtualmente estoy asesinado.

El doctor se ha olvidado de un detalle. Los anti-depresivos no curan soledad, el parche es muy pequeño.

Exijo a gritos una compañía, un susurro a mis oídos. Nadie me oye, sus auriculares están muy elevados, navego en otra frecuencia. Me encuentro en soledad, jugando un póker interminable.

Deambulo en una soga muy fina, conozco las consecuencias. Intento llamar su atención, exclamo, aunque sea algo de su amor. ¡Esto apesta! ¡Dale fin a esta partida! ¡Game over!


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